1 abr. 2015

El psicólogo de enfrente

Era primavera. Empezaba el buen tiempo. Ella estaba ayudando entre semana a un amigo en el restaurante porque su compañera había tenido un bebé y estaba con la baja maternal. Estaban terminando de recoger las últimas mesas y él iba a empezar a hacer caja cuando sonó el teléfono. El atendió la llamada.
Era un cliente habitual que vivía cerca. Se conocían bastante y ella siempre le había comentado lo atractivo que le parecía. Habían coincidido en el asador más de una vez y siempre había habido miradas, guiños y sonrisas entre ellos.
Esa noche estaba solo en casa, había trabajado hasta tarde y no le apetecía cocinar. Después de mirar algunos cupones descuento de distintos sitios con servicio a domicilio, decidió llamar aquí y que le preparasen algo rápido. Dejaría al niño dormido diez minutos y enseguida estaría arriba de nuevo.
Ella se hacia una idea de lo que hablaban por lo que oía a su amigo y haciéndole un gesto le dijo que ella se lo llevaba.
El se lo comentó y le pareció una gran idea. De hecho le pareció tan buena idea que algo se revolvió en su entrepierna.
Quedaron en quince minutos y mientras su amigo preparaba la comida ella se retocaba.
- No me esperes para ir a casa, le dijo mientras le daba un beso en la mejilla.
- Como te lo montas, le contestó él, devolviéndole el beso.
Salió del restaurante y se dirigió hacia la carretera para cruzar hasta la manzana de casas que había enfrente. Era una zona nueva que aún no estaba urbanizada del todo, unas pocas casas de tres alturas y un enorme parque urbano.
Cuando llegó al portal tocó al timbre deseando que le dijese de subir y no bajase él ...
-Quien?, oyó por el interfono (como si no supiese quien era)
-Te traigo la cena, contestó ella.
Se oyó el sonido de la apertura de la puerta y ella sonrió abiertamente al ver que él daba por supuesto que subiría.
Vivía en el segundo piso, podía haber subido andando pero quería comprobar en el espejo del ascensor si todo estaba en orden. Se ajustó el escote, se atusó un poco el pelo y comprobó que tenia los labios bien pintados.
Justo cuando comprobaba que los vaqueros quedaban en su sitio oyó el timbre que anunciaba que había llegado al piso.
Se abrieron las puertas y él le estaba esperando apoyado en el marco de la de su casa.
-Hola, dijo el mirándola de arriba abajo con una sonrisa de aprobación
-Hola, contestó ella acercándose.
Le alargó la bolsa con la comida y él estiro los brazos para recogerla. La abrió, saco las cosas y mirándola dijo:
-Aquí hay mucha comida. Quieres cenar conmigo?
Se apartó de la puerta para dejarle paso y ella sin contestar nada entró.
El dejo todo encima de la mesa del pasillo y tras cerrar la puerta tras de él, le agarró de un brazo y atrayéndola hacia él le cogió por la cintura y le besó en los labios.
Ella correspondió al beso con pasión mientras se apoyaba contra la puerta. El le levantó los brazos por encima de la cabeza sujetando las muñecas con una mano y mientras le rozaba el cuello con los labios bajó la otra hacia uno de los pechos manejándolo con una caricia que hizo que el pezón se pusiera duro y sobresaliese por entre la fina tela de la camiseta.
Seguían besándose cada vez con más lujuria y ella pasaba una de sus rodillas por la entrepierna de él notando como su polla iba creciendo y poniéndose dura.
El soltó sus manos y dejó que ella comenzase a desabrochar su pantalón y le quitase la camiseta. Mientras metía una de sus manos por el gayumbo, su boca daba cuenta del cuello de él y de su pecho. Lamía sus pezones y alrededor de ellos a la vez que iba sacando cada vez mas el capullo acariciándolo suavemente con dos dedos y echando hacia atrás la piel.
La camiseta de ella tenia unos finos tirantes que se ataban en lo alto de cada hombro con un nudo. El tiró despacio de uno de los cabos y la camiseta se soltó cayendo hacia la cintura. Cuando los pechos quedaron al aire él no pudo mas que pararse un rato a mirarlos. Eran grandes y su blancura contrastaba con el tostado del sol en el escote. Tenia unas areolas proporcionadas de un tono marrón claro y unos pezones también grandes que en ese momento parecía que le apuntasen excitados. Las acarició con ambas manos y se metió una de ellas en la boca. La succionó como si estuviese mamando y saboreó con placer su sabor.
Mientras tanto ella le quitó los pantalones y echando hacia abajo el boxer dejó libre la excitada polla. La cogió con una mano y empezó a moverla primero despacio y después cada vez más rápido. Acariciando con la otra los huevos.
Cuando llevaban así un rato, bajaron el ritmo para terminar de desnudarse. En realidad el solo tenia que levantar los pies y dejar caer los calzoncillos al suelo pero ella aun llevaba los vaqueros puestos. Sin dejar de acariciarla le cogió las manos y se la puso cada una en una teta y acercando la boca a su oído le susurro:
-No dejes de pellizcarte los pezones...
Ella se mojó los dedos con la lengua y los agarró para hacer lo que le había pedido. Mientras él le quitaba los pantalones. Se quedó gratamente sorprendido al ver que no llevaba bragas. Eso le excitó muchísimo, tanto que cuando terminó de desnudarla se agachó y le separó las piernas, abrió los labios con dos dedos y acercando su cabeza comenzó a lamerle el clítoris de tal manera que ella se apoyó en la puerta mientras arqueba la espalda y daba un gemido de placer. Y a la vez que se acariciaba los pezones bajó una de sus manos para apoyarla en la cabeza de él acariciándole con las uñas y jugueteando con el pelo.
El estaba mordisqueándole el clítoris mientras dos dedos jugaban a la entrada de la vagina. La rodeaban y entraban y salían cada vez mas rápido. No paraba de gemir y jadear cada vez con mas intensidad con lo que él supo que estaba a punto de alcanzar el orgasmo.. Le dió la vuelta, le agarró de la cintura para ponerle en postura y empezó a comerle el culo y el coño desde atrás mientras una mano le acariciaba el clítoris y la otra le separaba las nalgas.
Ella con una mano se apoyaba en la puerta y con la otra se acariciaba los pechos, cada vez más rápido siguiendo el ritmo que él marcaba con su lengua y con sus dedos entrando y saliendo de su vagina.
Notaba el climax cada vez más cerca. Por eso abrió bien la vagina con ambas manos e introdujo la lengua moviéndola muy rápido. Ella emitió un profundo suspiro, movió el culo hacia afuera y él se preparó para beber lo que ella le entregaba...
Cuando terminó , ella se giró sonriendo y cogiéndole de la mano lo llevó hasta una butaca pequeña de cuero que había en la entrada, se sentó con las piernas abiertas y húmedas y le atrajo hacia si agarrando su polla con una mano y metiéndosela en la boca.
El la sujetó del pelo sin dejar de mirarla mientras ella le devolvía todo el placer que él le había dado. Colocó sus manos en las caderas marcando el ritmo y aumentando la velocidad de los movimientos. Al cabo de un rato de estar así él agarró la polla y la sacó de la boca sin dejar de masturbarse y de pellizcar los pezones de ella. Ella sacó la lengua justo en el momento en el que él se corría recogiendo parte del semen con ella y dejando caer el resto por el cuello hacia las tetas...
Recogió un poco con los dedos y llevándoselo a la boca le dijo:
-Necesito una ducha...
-Sólo si me concedes un segundo asalto. contestó el devolviéndole el gesto...


3 comentarios:

  1. ldemonalisa@yahoo.com19 de agosto de 2012, 6:10

    Ahora me explico porque está tan de moda entre las mujeres ir al psicólogo, mmmmmmm!!!!

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  2. Muy buen relato. Estas cosas nos roban el alma y los sentindos

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