22 mar. 2015

El masaje

Ella trabajaba en un centro de medicina estética como esteticista y masajista. Y él la conocía del gimnasio que había enfrente. No iba mucho pero habían coincidido unas cuantas veces. Le parecía una mujer atractiva y cuando habían hablado en la cafetería, inteligente y simpática.
Desde que la conoció había intentado acercarse a ella pero no le había dado muchas opciones. No parecía tímida así que supuso que alguna mala experiencia le había convertido en recelosa para con los hombres.
Pero cuanto más le veía y más hablaba con ella más le atraía. Una de estas veces le preguntó donde trabajaba y al decírselo enseguida le vino una idea a la cabeza. Lo mejor era entrar en su terreno. Se invento unos músculos tensos y algún pequeño dolor y ella le dijo que se pasase a pedir hora cuando quisiera. Pero él quería algo más que eso y se le ocurrió decirle que por horario de trabajo era complicado hacer un hueco. Así que sin pensarlo mucho le dijo si no podía hacer una excepción un mediodía y cogerle fuera de hora...Luego la invitaba a comer. Ella lo pensó un momento y cuando él ya creía que se iba a negar, le dijo que si con una sonrisa.
Quedaron para dentro de dos días. El no quiso darle opción a arrepentirse así que pago los desayunos y se despidió. Al día siguiente fué al gimnasio a otra hora para no encontrársela, así que la siguiente vez que se vieron fue en el momento en que ella le abría la puerta después de tocar el el timbre.
- Hola, dijo ella al verle.
- Buenas tardes, contesto él, gracias por recibirme.
- De nada contestó ella sonriendo mientras le daba paso a una amplia habitación muy iluminada por la luz del día gracias a los inmensos ventanales que daban a la calle.
Le indicó el biombo para que se desnudase y le dijo que luego se tumbase boca abajo.
- Desnudo del todo, por favor.
Eso le pilló desprevenido, pero a la vez le excitó. Notó como un escalofrío le recorría la columna mientras se tumbaba en la camilla.
Ella estaba entre esta y el ventanal. LLevaba una bata blanca de cremallera hasta un poco más arriba de la rodilla. Y le sorprendió que se hubiese descalzado. El sol le daba a contraluz dejando entrever un sujetador blanco y unos culotes del mismo color. El no podía apartar los ojos de ella y cuando se volvió tuvo que bajar la vista rápidamente para disimular...
Ella cogió una toalla y la colocó sobre el culo de él tapando lo justo. Se embadurnó las manos con un aceite y se colocó de pie delante de él.
Le pidió que se apoyase en la barbilla y cuando lo hizo pudo ver que llevaba la cremallera un poco bajada abriendo escote. Tenia un canalillo divino, unos pechos grandes que asomaban por la mitad del sujetador y se imaginó unas areolas y unos pezones proporcionados.
Ella había empezado a masajearle suavemente las sienes y el cuello y mientras él imaginaba que paseaba por entre sus pechos ella fue bajando por la espalda desde los hombros hasta la cintura y vuelta. Se movía de vez en cuando hacia los costados de la camilla para acceder mejor a una zona u otra. Todo esto le estaba poniendo muy cachondo, no podía dejar de pensar en follársela allí mismo. Y cuánto más lo imaginaba, más se excitaba. De pronto notó como ella retiraba la toalla, cogía un gel y se lo echaba por el culo y las piernas. Estaba al lado derecho de el masajeando con las palmas de las manos sus nalgas fuertemente y después pasaba suavemente las yemas de sus dedos... Se estaba volviendo loco. Tenia la polla durísima y no sabía como iba a poder aguantar. Cuando ella pasó a los muslos masajeando la cara interna rozó levemente sus huevos y el pensó que si volvía a hacerlo se correría en ese instante. Pero no, no sabia cómo pero estaba aguantando....Cuando hubo terminado con las dos piernas oyó como le decía:
- Date la vuelta por favor...
- Bufff, dijo él, voy a tener que esperar un poco...El masaje me ha excitado y estoy empalmado...
La verdad es que no esperaba esa reacción por parte de ella. Pero no se lo pensó dos veces cuando ella le repitió:
- Date la vuelta anda...mientras se bajaba la cremallera de la bata.
El bajó de la camilla y trayendola hacia si la agarró por la cintura para besarla y mientras le metía la lengua en la boca acariciaba su culo y sus tetas notando por fin esos pezones que llevaba rato imaginando.
Sin dejar de besarla en el cuello y los pechos acerco su polla a la entrepierna de ella restregándola por sus bragas notando como las mojaba.
El estaba muy excitado y quería que ella se pusiera a mil rápidamente así que la cogió y la puso sentada en la camilla con las piernas hacia fuera. Ella apoyó los codos y él le abrió las piernas apoyando los talones en el borde. Le mordisqueó un rato los pezones mientras acariciaba con la palma de la mano su coño y cuando notó que ya estaba inténsamente mojada, le quitó las bragas, separó los labios con dos dedos y mientras metía otros en la vagina empezó a lamerle el clítoris a un ritmo fuerte que hizo que ella arquease la espalda echando la cabeza hacia atrás y jadease sin parar.
Cuando la vió cercana al éxtasis agarró su polla con una mano y dió unos golpes con el capullo en el clítoris, la pasó de arriba a bajo por toda la raja hasta el culo y sin esperar más la metió de una embestida.
Empezaron a moverse al unísono como si lo tuviesen preparado, ella sujetándose fuertemente a la camilla y el masajeando sus pechos.
Con cada embestida notaban como los huevos golpeaban el culo de ella, aumentaban los jadeos y los movimientos de ambos cuerpos. Se sabían cerca del orgasmo así que él le agarró a ella por la nuca y parando unas décimas de segundo sacó la mitad de la polla para meterla de golpe de nuevo, repitiendo esto tres o cuatro veces....
- Dónde quieres que me corra?, preguntó él.
- Quédate dentro, le contestó ella. Y bésame.
Acercó sus bocas y le lamió los labios mientras ambos aumentaban el ritmo de los movimientos. Y justo cuando le estaba mordiendo los labios y ella le agarro del culo como si quisiera que entrase aun más el chorro de semen inundó su interior a la vez que ella jadeante alcanzaba su orgasmo...
Cuando cesaron las palpitaciones y los temblores de placer él salió y ayudó a que ella se pusiera de pie. Le dió un beso en la boca y le preguntó:
- Cada cuanto seria bueno un masaje de estos?
Y ella lamiendo aun los jugos del placer le miró a los ojos y haciéndole un guiño le dijo:
- Vuelve cuando quieras...


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